CONCEPTOS EN EL APRENDIZAJE
DE SHINTO MUSO RYU JODÔ
por Pascal Krieger
(Traducción libre del capítulo del mismo nombre de su libro
The Way of the Stick)
Dentro del contexto del Budô, un concepto es un conocimiento intuitivo
adquirido a través de la práctica. Un concepto no puede ser
entendido adecuadamente a través de la explicación intelectual.
Los principiantes saben que existen, han oído hablar de ellos, pero
aún no los comprenden. La verdadera comprensión requiere cuerpo,
intelecto y emociones al unísono.
La diferencia entre conocer un concepto y comprenderlo realmente puede ser
explicado de la siguiente forma:
Aquel que conoce un concepto puede hablar de él.
Aquel que lo comprende puede aplicarlo.
Aquel que lo comprende a fondo, puede aplicarlo instintivamente, en cualquier
momento y en cualquier lugar.
En vista de esto, porqué hablamos de los conceptos,
si solo la experiencia nos puede permitir su comprensión. Más
aún, estas nociones enriquecen al estudiante solo si este las descubre
a través de su propio esfuerzo, cada descubrimiento implica en cierto
modo un Satori (iluminación).
Sin embargo, la justificación de este capítulo sobre los conceptos
radica en el hecho de intentar mostrar su interdependencia. Estas páginas
pretenden mostrar estos conceptos, está en el lector comprenderlos
a través de la experiencia.
La interpretación de los conceptos, tal y como los presento aquí,
son el fruto de mi propia experiencia y es, por tanto, totalmente subjetiva.
Sin embargo, si no hubiera oído hablar de ellos de antemano, muy posiblemente
no habría podido reconocerlos y ciertamente no podría haberlos
transmitido.
Mientras que por un lado insisto en que estos conceptos han de ser experimentados,
creo que la lista que he preparado de ellos, que pretende ser comprensible,
puede ayudar a muchos grupos que trabajan aislados a descubrir la extraordinaria
abundancia de enseñanzas de Shindô Musô Ryû.
Finalmente, ¿no es la comprensión de estos conceptos el fin
de la práctica del Kobudô? ¿No es entregarse a una disciplina
marcial, con el solo propósito de manipular un arma, un poco como recitar
un poema en una lengua extranjera? De la misma manera que la comprensión
de las palabras puede influenciar nuestra lectura, la comprensión de
estos conceptos da sentido al arte que practicamos.
1- JÛNANSHIN, o NYÛNANSHIN
(Una mente flexible)
(PARA SER TRABAJADO DESDE EL PRINCIPIO)
Los conceptos son verdades universales, además son muchas semillas
sembradas en el ámbito del “Dô”. Si caen en tierra
dura, nunca brotarán. Es algo de vital importancia preparar el suelo
cuando abordamos el estudio de un Kobudô.
La única forma de estudiar un Kobudô sin problemas, repito la
única forma, es adoptar una actitud compuesta por los siguientes cinco
elementos: Paciencia, confianza, humildad, mente flexible y franqueza.
A menos que cambien durante el curso del estudio, cualquier otra actitud nos
llevará al fracaso. Esta actitud ideal es expresada a través
del concepto llamado Jûnan: flexible y Shin: kente (o Nyûnanshin).
El profesor debe primero trabajar en corregir o establecer estos cinco componentes.
Por favor, déjenme extrapolar algo de la importancia de ellos.
El alumno impaciente ya se ha puesto inconscientemente una meta y un tiempo
límite en el que la quiere conseguir. Teniendo en la mente esta meta
imaginaria, no podrá ver donde pisa, no podrá apreciar su progreso.
Pisoteará las semillas que siembre. No tendrá la paciencia de
ver el progreso de su propio trabajo en él mismo. Anhela resultados
rápidos. El tendrá que aprender a conquistar su impaciencia
y aprender a andar con simplicidad, sin mirar el trecho conseguido con las
miras en la meta a conseguir. Además tendrá que fijar toda su
atención en el momento presente (Ichi go Ichi e).
El escéptico, emborronará la disciplina a través de la
constante comparación con lo aprendido en otros campos o disciplinas.
Disecciona todo y si no lo entiende, irá en contra. Está dotado
con una mente lógica y no acepta, o si lo hace es con desconfianza,
lo que no puede verificar por si mismo. Tiene que aprender a confiar en su
profesor y en sus enseñanzas. Nada puede ser racionalizado dentro del
Kobudô. Los conocimientos se adquieren por si mismo y solo para uno
mismo.
El arrogante, empapado en el caldo de sus propias cualidades superiores, encontrará
difícil admitir que no sabe nada. Se sentirá constreñido
en su papel de principiante. Intentará justificar sus errores o faltas.
Su ego se erigirá en prácticamente insuperables los obstáculos
en su propio progreso. Tiene que trabajar en sí mismo para comprender
que no es el centro del universo, sino un mero ignorante que vaga en su búsqueda,
como otro más.
El obstinado, será presa antes de nada de su inflexible tipo de carácter.
Emprenderá el camino hacia el Dô, sin prestar mucha atención
a donde realmente se está dirigiendo. Pero cuando el tiempo venga a
cuestionar su camino, su mente que no ha usado para adaptarse se cristalizará.
Tendrá reticencia a avanzar por una dirección distinta de la
que pensó como buena, para el será como un marcapasos obstinado.
Pero si se obstina en intentar liberarse a si mismo de la rigidez de su propia
mente, no está todo perdido. De los errores a sus decepciones, de sus
fallos a sus derrotas, su espíritu maltrecho se ablandará y
podrá adaptarse a los súbitos cambios de dirección que
ocurren en el entrenamiento del Budô.
Alguien que no es flexible, generalmente se enfrenta a una disciplina con
el siguiente argumento: “Voy a intentarlo (lo que implica que además
¡<hay que agradecérselo!), pero solo podré venir una
vez a la semana (no tengo ni idea del trabajo que hay que hacer, pero estas
son mis condiciones), porque tengo otras prioridades, etc”. Estudiar
Kobudo demanda mucho tiempo y esfuerzo. Esta persona tan ocupada, tendrá
que hacer una elección. No se puede practicar Kobudo seriamente una
vez a la semana. Ha de ser un ejercicio diario y requiere dos o tres sesiones
a la semana con el profesor. Los seminarios y la vida del grupo tiene además
una gran importancia en el tiempo libre del practicante. La imposibilidad
es el mayor problema y la mayor razón de deserción.
En resumen: cuando uno se decide a emprender un camino con la meta de comprender
la vida a través del Kobudô y el auto-conocimiento, uno tiene
que tomarse su tiempo, tener una gran capacidad de adaptación, poner
confianza en el guía que ha elegido y moverse hacia adelante con paciencia,
paso a paso y estar particularmente despierto, con visión amplia y
receptividad.
Todas estas cualidades están incluidas en la actitud que llamamos Jûnanshin.
Es esencial subrayarlo desde el principio porque es necesario desde el principio
hasta el final del camino.
2- ZANSHIN (Estado de consciencia
o de alerta)
(PARA SER TRABAJADO DESDE EL PRINCIPIO, PERO PROGRESIVAMENTE)
No es fácil traducir Zanshin. Literalmente es Zan: dejar, dejar atrás;
Shin: mente, pero no ayuda mucho su traducción literal. Si este concepto
no es definible es porque engloba muchos otros que son tratados por separado.
Déjenme pues que explique unas líneas sobre Zanshin como introducción
de sus conceptos complementarios Metsuke, Shisei, Ma-ai, Kime, Ri-ai, así
como otros conceptos más generales como Fudôshin, Kan-ken, Muga-mushin,
etc. Nos acercamos al concepto de Zanshin en dos tiempos. En el primer tiempo,
el principiante, es completamente inconsciente sobre lo que significa este
concepto, se contenta simplemente con copiar el aspecto externo. La atención
se concentra en los ojos del oponente, la posición del cuerpo debe
ser erguida y firme (pero permitiendo a su vez rápidos desplazamientos)
y hay un meticuloso estudio de las distancias, siempre fuera del alcance.
Un kiai enérgico, un buen control de los movimientos y una adecuada
medida de la oportunidad (timing) se añaden como complementos para
una visión más amplia del Zanshin. Solo he hecho un boceto de
los puntos importantes del Zanshin, pero tengo que añadir que de ellos
debe emanar una imagen de fuerza y de fuerte presencia.
Pero esto es solo una imagen. Si no se refleja un Zanshin interno, un Zanshin
profundo, más real, entonces es solamente un Zanshin de mofa, como
formas y figuras que esconden su verdadero significado.
El segundo tiempo, consiste en darle una dimensión más profunda
a esos movimientos correctos y esas actitudes apropiadas; una tarea mucho
más ardua que en el primer tiempo. Es un proceso de eliminación,
hasta que uno tiene una total auto-empatia. Uno puede estar completamente
receptivo solo cuando está desprovisto de todas las emociones subjetivas.
La alerta no es un estado en el que rigen la preocupación, el miedo,
la ansiedad o los nervios. Tampoco es un estado en el que estamos abrumados
por la calma. Haciendo una tentativa de definición de Zanshin, seria
la actitud en la que lo físico está en estado latente de alerta
y la mente está totalmente vacía, y por lo tanto receptiva a
la más mínima señal.
Zanshin es en su estado puro un estado de gracia donde los sentidos están
completamente alerta. Es una de las más sorprendentes experiencias
que se pueden sentir en el entrenamiento del Budô. Como un indefinible
fenómeno que nos hace vibrar, Zanshin se nos hace una realidad práctica.
El concepto de Zanshin se desarrolla muy temprano y durante todas las etapas
del estudio de Shindô Muso Ryû.
Desde la primera Kata en adelante, se requiere un extremo estado de alerta
al principiante. No acostumbrado a este esfuerzo, algunas veces sentirá
una tensión inaguantable.
Más aún, es muy interesante ver como la gente en sus actividades
cotidianas confirma la carencia de Zanshin de nuestra civilización.
Estar detrás de una puerta que podría abrirse en cualquier comento,
coger una cacerola caliente, darse un golpe en la cabeza cuando uno se levanta,
empujar a alguien que está detrás o ser empujado y además
muchas otras señales de la vida diaria: dejarse las llaves dentro del
coche, perder objetos de cierto valor, etc. Todo esto es típico de
una mente con estorbos y una sensible dejadez en el cuerpo.
El concepto de Zanshin, desarrollado a un alto nivel, tiene unas consecuencias
muy positivas en las actividades cotidianas.
3- METSUKE (concentración visual)
(PARA SER TRABAJADO DESDE EL PRINCIPIO)
Me: ojos; Tsuke: presión. El concepto de Metsuke es uno de los componentes
del Zanshin. Los oponentes normalmente miran a los ojos del contrario, porque
son “espejos del alma”, a menudo delatan emociones que otras partes
del cuerpo intentan ocultar con éxito.
El arte del Metsuke consiste en ver todo sin dejar ver nada de uno mismo.
Ver todo …
Cuanto más están los ojos fijados en un punto en particular,
más limitada es su visión. Así, en vez de mirar fijamente
a tu adversario, mírale de la forma en que miras a una montaña
lejana (Enzan wo miru). No dejes que sus brazos o el movimiento de su arma
te distraiga y mira con calma su línea central; esta es la mejor indicación
que hay que fomentar. La ventaja de esta visión general es un excepcional
aumento del campo de visión.
Sin relajar tu atención, has de ser capaz de prever cualquier obstáculo
repentino. Aquellos que están acostumbrados a conducir no tienen duda
sobre este efecto y reconocerán que no hay nada más peligroso
que fijar la vista en la parte trasera del vehículo que llevan delante.
… sin revelar nada.
Esto es algo muy diferente. Las emociones como el miedo, aprensión,
la duda, la irritación, la ira o la alegría, encuentran un suelo
fértil en el campo del combate. Para no revelar nada a través
de los ojos, no solo tenemos que controlar estas emociones, que siempre intentarán
traicionarte, sino que habrá que no sentirlas!.
Esto, por supuesto, requiere un largo periodo de auto-estudio que está
dentro del ámbito del Dôjô. A veces nos encontramos con
conceptos, que parecían no tener relación con el Kobudô
y que serán tratados en último lugar.
4- SHISEI (la postura)
(PARA SER TRABAJADO DESDE EL PRINCIPIO)
Si te resultan algo familiares las disciplinas marciales japonesas, no tendrás
duda sobre la molesta importancia de este concepto.
Como he sufrido durante muchos años, las secas órdenes de: “ponte
recto, relaja los hombros, aprieta las nalgas!”, he podido constatar
que este aspecto del Budô trae muchos problemas al practicante, particularmente
si no es oriental.
Es indudable que la morfología occidental es completamente diferente
de la oriental. Los hombros asiáticos, aunque robustos, generalmente
se inclinan hacia abajo desde el cuello, mientras que el occidental normalmente
dibujan un ángulo recto con el cuello. Como el occidental está
más inclinado a usar sus hombros que sus caderas, esto solo sirve para
cargar más la ya alta posición de sus hombros.
Los occidentales están obligados además a hacer un esfuerzo
adicional para mantener sus hombros lo más bajo posible, insisto “posible”,
y aprender a usar más las caderas. La espalda ha de estar recta y los
pies tienen que estar firmemente apoyados en el suelo. Esta posición
permite una mejor respiración y movimientos más rápidos.
Pienso que es correcto no obsesionarse con la noción de Shisei. El
Kobudô no puede tender nunca a la “robotización”
de sus practicantes. Cada uno tiene su postura propia. Sin dejar de desear
una mejora en la postura, sería bueno dar un poco de cabida a la constitución
de cada uno. Es cierto que una buena postura es muy estética y el aspecto
estético, sin ser lo más importante, es un elemento esencial
en el Kobudô. En vez de acosar al practicante con una pobre postura
del cuerpo, yo le animaría a encontrar su equilibrio dentro de una
postura estable.
Un entrenamiento al aire libre es una excelente forma de probar tu Shisei.
La hierba húmeda, las piedras, la tierra y las irregularidades te obligarán
rápidamente a modificar tu postura. Este tipo de ejercicio puede ir
en contra de la estética de tu técnica, puedes estar seguro,
pero te ayudara a comprender que en las prioridades del Kobudô, la búsqueda
de la estética nunca debe ser a expensas de la eficiencia técnica,
es más, debe ser complementaria a esta.
Hay otro aspecto de la noción de Shisei que es, al menos tan importante,
como la anterior: la actitud mental. Esta “postura interna” refleja
dignidad, honradez y respecto. Esto se demuestra con a través del comportamiento
no tolera ninguna rudeza, ni gestos o movimientos equivocados. La dignidad
en los tiempos difíciles, tanto como en los felices, refleja Shisei
tanto como una postura física impecable. Es difícil decir cual
de los dos aspectos influencia al otro, pero si es cierto que un Shisei perfecto
solo se puede conseguir cuando la actitudes interiores y exteriores están
en perfecta armonía.
5- MA-AI (Distancia de combate entre
oponentes)
(PARA TRABAJAR DESDE EL KIHON SÔTAI)
Ma: Distancia; Ai: Armonía. La interpretación de la distancia
entre oponentes depende principalmente del arma empleada. En las disciplinas
marciales japonesas, el Ma-ai es particularmente preciso. No es exagerar el
hablar de “milímetros”. A Draeger Sensei le gustaba decir:”Si
mi oponente puede cortar la tela de mi ropa, esto puede ser porque yo puedo
cortar su piel. Si puede cortar mi piel, puede ser porque yo puedo cortar
su carne. Este es el adecuado Ma-ai. Es muy importante prestar mucha atención
al Ma-ai desde el primer Kihon Sôtai.
El concepto de Ma-ai, ha de ser aplicado a los siguientes cuatro puntos:
1. La forma en que se empuña el arma.
2. La diferencia en longitud de las armas usadas.
3. El uso del Monouchi (los últimos 20 cm del arma)
4. La distancia entre los oponentes.
1. Empuñar un arma.
Al empuñar un Jo o un Bokken, es extremadamente importante mantener
una distacia aproximada de 20 cm entre el vientre y la mano más cercana.
Hay que tener claro que si esta distancia se reduce en la parte del Jo y se
mantiene en la del bokken, las dos armas abarcan prácticamente la misma
distancia. Teniendo en cuenta que el bokken representa una hoja “viva”
(hoja real, afilada), está claro que un error en el Ma-ai puede tener
en realidad serias consecuencias.
2. Diferencia entre el Jo y la espada.
En Shindô Musô Ryû, el aspecto más importante del
Ma-ai son los 22 a 25 cm de diferencia del Jo sobre el Bokken. La mayoría
de las técnicas de Jodô están basadas en esta diferencia
fundamental, que sitúa al oponente dentro de nuestro rango, mientras
que a nosotros nos deja fuera del suyo, aunque sea por unos centímetros.
3. El uso del Monouchi.
El concepto de Ma-ai puede ser inexistente por un uso incorrecto del arma
cuando aplicamos una técnica. No hace falta ser un físico para
comprender que cuando un objeto rota respecto a un eje, el punto más
lejano del eje rota a la mayor velocidad y con la mayor energía. Esto
se aplica también al Jo y al Bokken, luego solo los últimos
20 cm se deben usar para golpear el objetivo. Esta zona se llama Monouchi,
literalmente (sección) con la que se colpea un objeto.
En lo que concierne a la espada, desde el protector de la mano (Tsuba) y el
Monouchi sirve poco más que para mantener el Monouchi en su sitio.
Y en el Jo, el rango de las técnicas es tal que en un momento u otro
usaremos el arma en toda su longitud. Sin embargo en lo que a las técnicas
de golpeo se refiere, el principio del Monouchi es el mismo que en la espada.
Una de las mejores maneras para experimentar el uso del Monouchi es indudablemente
el corte de objetos (Tameshigiri), para el Jo, el golpeo de objetivos flexibles
pero compactos.
4. Distancia entre oponentes.
Hay tres distancias entre oponentes. Más que las distancias en sí,
es la noción que estas distancias implican lo que quiero explicar.
Tôma: Larga distancia. Es la distancia entre dos oponentes al comienzo
de un Kata o combate. En Shindô Musô Ryu, varía entre cinco
y diez metros (sobre tres tatami de largo). En otras tradiciones, puede ser
mayor. Los dos oponentes tienen tiempo para pensar, retirarse o cambiar la
guardia. Queda un trabajo de acercamiento hasta llegar al punto de no-retorno.
Chikama: Corta distancia. La intensidad del Zanshin se incrementa perceptiblemente.
El Kamae es correcto. Es el punto de no-retorno; uno o dos pasos más
y la suerte de los dos oponentes se jugará, para bien o para mal.
Uchima: Distancia de corte. También expresada a través del concepto
Issoku – Ittô (un paso, una espada), coincide con el momento álgido
del Zanshin. En una fracción segundo uno de los dos lado lanzará
un ataque repentino, sino lo hacen los dos lados simultáneamente. Un
solo paso separa el Monouchi del arma de su objetivo. En vez de intentar definirla,
te sugiero que sientas la insostenible tensión de Uchima por ti mismo.
Elige un oponente, ambos en Kamae y en vez de ejecutar la técnica inmediatamente,
manténganse en sus posiciones por unos momentos, preparados para golpear
con toda sinceridad. La experiencia revelará tu nivel de Zanshin, sangre
fría y capacidad de moverte rápidamente.
Si no nos inspiramos aunque sea un poco, por la hipersensibilidad del Ma-ai
que caracteriza un combate, abrimos la puerta a todo tipo de aberraciones.
Desafortunadamente, no es poco común ver estudiantes cortando con la
mitad de la espada o mantener una postura descuidada, totalmente ajenos de
que aún están en la trayectoria del arma de su oponente. Uno
tiene que comprender el Ma-ai similar a mantener un cara a cara con un animal
salvaje al final de una cadena. Un solo paso dentro del perímetro de
peligro y será castigado brutalmente por su error.
En Jodô, un error en el Ma-ai de Uchidachi (espada) puede tener efector
perniciosos en la técnica del Shidashi (Jo). Por ejemplo, si Uchidachi
corta con la mitad de su espada, Shidachi adaptará su técnica
para hacerla efectiva, dando un paso atrás. Aunque el resultado final
es satisfactorio, ninguno de los dos ha de tener la necesidad de cambiar la
técnica, ya que esto puede ser el principio de una larga serie de problemas.
Supongo que la única forma de comprender realmente el concepto de Ma-ai,
puede ser perder una para de un dedo o de la nariz de vez en cuando. Sin embargo,
tengo grandes esperanzas de que un entrenamiento serio puede permitir la asimilación
de este concepto y permanecer de una pieza.
6- Kiai (Unión de energía)
(PARA TRABAJAR DESDE KIHON)
Ki: Energía; Ai: harmonía. El Kiai es un elemento importantísimo
en todas las vías marciales japonesas; tan importante que ha engendrado
toda una literatura en las que se vierten las más absurdas afirmaciones.
¿Quién no ha oído la historia del guerrero que paraliza
a su enemigo con un secreto método de combate gritando?
La siguiente definición es quizá más terrenal. El Kiai
es la parte sonora que implica el control de la respiración. Se origina
en el bajo abdomen y el sonido que se produce tiene una particular resonancia.
No está producido solo por las cuerdas vocales, también por
una intensa energía que se produce en las profundidades del ser.
El Kiai puede producir dos efectos: uno físico y otro psicológico.
El efecto físico del Kiai es que requiere que la parte abdominal fuerce
la exhalación del aire. Esta parte abdominal es un nexo entre las dos
más importantes zonas musculares del cuerpo, los muslos y la espalda.
Contrayendo la zona abdominal, el Kiai permite una acción concentrada
de todo el cuerpo sobre un punto dado con el máximo de una energía
perfectamente controlada.
El Kiai cansa al practicante, ya que le obliga a darse por completo cada vez,
pero la regular producción de ese Kiai, le permitirá encontrar
el origen de esa energía e irá mejorando progresivamente el
uso de ella.
El efecto psicológico del Kiai no es tan imaginario como algunas películas
nos han querido hacer creer. Por el contrario un individuo bien entrenado
no se perturbará con el sonido de un Kiai, si si no se realiza con
una inusual intensidad y resonancia. Por otro lado, está claro que
el Kiai puede ser muy útil en la enseñanza de un principiante.
Mientras que está sumido en la intensidad del trabajo duro, un inesperado
Kiai, puede ser una buena prueba de su concentración, o simplemente
sacarlo de su letargo. El Kiai también tiene un efecto psicológico
en la persona que lo emite. Puede “darle corazón”, cuando
se enfrenta a un formidable enemigo.
Finalmente, la intensidad del Kiai es un excelente indicador de la calidad
del trabajo en el Dôjo. Puede ser una pista importante a la hora de
revelar las pérdidas de control en un estudiante que empieza a trabajar
sin poner toda la carne en el asador.
Hay dos tipos de Kiai en Shindô Musô Ryû: todos los golpes
cortantes con el Jo o con la espada se dan con el sonido “éeit!”,
y los golpes penetrantes o estocadas se dan con el sonido “hoot!”.
En ambos casos, el sonido va creciendo y se corta claramente con el sonido
“t” en su punto más alto. Es el preciso momento en el que
la energía física y mental están en su máxima
concentración. Incluso aunque el sonido se corte, el Ki continua hacia
el oponente. El Kiai ha de emitirse con la boca entreabierta para que el Ki
no se disipe. El resto de la cara mantiene, en la medida de lo posible, su
serenidad.
El estudio del Kiai sigue un desarrollo en las siguientes etapas: el “Han!”,
tímido en las primeras semanas, acabará en un sonido más
fuerte procedente de la garganta. Después nos llevará varios
años mover ese sonido desde la garganta al vientre y además
emitirlo en el momento justo. Un Kiai perfectamente dominado no se ha de juzgar
por su sonido, sino por su intensidad.
Finalmente, el Kiai no se limita al Budô japonés. Es un concepto
muy antiguo: podemos encontrarlo en muchos cantos de algunas profesiones y
en el canto Gregoriano, como ejemplos ampliamente conocidos.
El concepto de Kiai, como un elemento del Zanshin, está muy ligado
al Kime.
7- KIME (Decisión)
(PARA TRABAJAR DESDE EL PRINCIPIO)
Este concepto solo se puede ejercitar en conjunción con el concepto
de Kiai. Consiste en entregar la energía (Ki), el arma (Ken) y el cuerpo
(Tai) en un punto dado y en un momento en el que esos tres componentes simultáneamente
se encuentran en su apogeo. Esta trilogía, llamada Ki-Ken-Tai, no se
pueden disociar.
El Kime se muestra en un instante de los dos últimos elementos (Ken-Tai),
mientras que el primer elemento (Ki) sigue su curso a través del cuerpo
y el espíritu del oponente. Si uno de los elementos fallara levemente,
el Kime no se conseguiría y la carencia de coordinación acabaría
en una marcada pérdida de la eficiencia del golpe.
El profundo significado de Kime tiene un carácter definitivo. Cada
Kime determina claramente que el ataque ha sido acertado y que pondrá
fin al encuentro. Uno puedo considerar correctamente, que cada Kata terminará
con el primer Kime.
He aquí tres importantes consecuencias de la aplicación del
Kime:
1. El Kime permite tanto un excelente control de las técnicas, como
una sorprendente exactitud.
2. Durante el Kime, un corto instante de inmovilidad nos indica que el Shûgyôsha
está en un perfecto equilibrio y que está mentalmente preparado
para adaptarse a cualquier otra técnica bajo cualquier otra circunstancia.
(Shûgyôsha: practicante en el segundo estadio del aprendizaje;
Shûgyô).
3. Cuando el concepto de Kime está adecuadamente dominado, el Shûgyôsha
que está ejecutando una secuencia muy rápida, es capaz de pararse
completamente en cualquier punto del Kime sin anticiparse a la siguiente técnica.
En el caso de Shindô Musô Ryû, las primeras series de kata
(Omote) pone un gran énfasis en el Kime, ya que tienen que ser aplicadas
en las siguientes dos series en tiempos mucho más rápidos. Es
solamente en la cuarta serie (Kage) donde el Kime alcanza su madurez.
8- RI-AI (Coherencia)
(PARA TRABAJAR DESDE EL ESTUDIO DE RAN-AI)
Ri: razón; Ai: armonía. Dependiendo de la disciplina, este concepto
asume un significado muy amplio. Por ejemplo, en Aikidô, el Ri-ai subraya
la universalidad de los principios fundamentales de este arte. En Shindô
Muso Ryû, el concepto de Ri-ai asume el siguiente concepto: la lógica
del movimiento. Esta lógica se aplica a tres puntos:
1. La distancia. Si Uchidachi corta demasiado cerca o demasiado lejos, la
distancia perderá lógica porque en ningún caso el corte
será apropiado.
2. El objetivo. Es también lógico tener claro qué y dónde
cortamos.
3. El momento adecuado. También podemos llamarlos “timing”.
Este es con mucho el aspecto más sutil de Ri-ai. Porque la naturaleza
del propio kata, en el que sabemos anticipadamente lo que va a pasar, invita
a la anticipación. Si esta tendencia no es severa y constantemente
controlada, pronto caeremos dentro de una pobre coreografía. Uchidachi
(Bokken) cortará, con un Zanshin impresionante, y con cuidado en el
hueco de la guardia que Shidachi (Jo) habrá dejado más de un
segundo antes. Incluso un principiante no se deja engañar por esto.
Desafortunadamente, es demasiado frecuente este tipo de cosas en algunas demostraciones
de Budô.
Si los dos primeros puntos se pueden asimilar bastante fácilmente,
el tercero requiere años de serio entrenamiento. De hecho, para eliminar
la anticipación de una técnica en la que sabemos la continuación,
requiere un estado mental poco común. Sin ánimo de proponer
una receta magistral, recomiendo los siguientes ingredientes:
Aceptar la situación como tal y como se presenta, con una completa
sinceridad, asumiendo los riesgos lógicos moviéndonos en el
último momento posible y a través de un severo entrenamiento
ir adquiriendo una buena velocidad de movimientos. Este concepto de “espacio-tiempo”,
o del momento justo, se llama también Ki musubi (enlace entre energías)
o Ki awase (harmonía entre energías). Cuando uno de los protagonistas
se mueve o hace un gesto, el otro se mueve simultáneamente, como si
fueran uno solo.
El elemento del peligro es absolutamente indispensable para mantener el carácter
marcial en el Kobudô. Un combate sin la noción del riesgo no
es un combate, es un juego, o una matanza. Esta sensación de peligro
intensifica las nociones inherentes al combate: Zanshin y sus componente de
Metsuke, Shisei, Ma-ai, Kiai y Kime.
Recuerda que esta noción de riesgo es solo una pizca de los peligros
de un combate real. De hecho ha de ser asumido que en el concepto del Bujutsu
japonés, como en cualquier otro encuentro de combate real en cualquier
otro sitio, en el contexto de igualdad entre dos oponentes, solo tenemos un
33% de posibilidades de éxito y no un 50% como podríamos imaginar.
Esta aterradora fórmula matemática se descompone como sigue:
33% de posibilidades de éxito, 33% de posibilidades de derrota y de
perder la propia vida para conseguir la victoria, los dos pierden la vida
porque golpean al mismo tiempo (Ai uchi). Por tanto, cualquier combate implica
un 66% de posibilidades de perder la vida. Déjenme suponer que el uno
por ciento restante queda para la posibilidad de que el oponente lo piense
mejor y abandone.
Pocos hombres de negocios invertirían en un proyecto con un 66% de
posibilidades de fracaso. Nadie con un poco de sentido puede tener este cálculo
en mente y entregarse a un conflicto abierto. Uno asume que el combate o la
guerra es la solución menos inteligente y solo existe cuando no hay
ninguna otra posibilidad.
Ri-ai es además un asunto del estado mental. Si siempre golpeamos con
extremo cuidado, en cualquier moemento y en cualquier lugar, entonces estamos
practicando cualquier otra cosa, pero no una “disciplina marcial”.
9- SEI TO DÔ (no-acción, acción)
(PARA TRABAJAR DESDE KAGE)
Todos los Kobudô japoneses son objeto de la ley del ritmo Sei to Dô.
Es interesante resaltar que algunas formas de combat no japonesas también
requieren esta noción de ritmo. En lo que se refiere a la eficiencia
y no quiero establecer un axioma, parece innegable que el concepto de Sei
to Dô enriquece el aspecto educacional y estético.
Este ritmo de no-acción/acción es más o menos marcado
dependiendo de la técnica, pero ha de prevalecer la armonía.
Por contraste, lo más intenso es la inacción, lo más
feroz la acción. Sin esta noción de ritmo, cualquier secuencia
de movimientos rápidos o lentos nos parecerá monótona
y carente de intensidad.
El aspecto técnico.
En concreto, el concepto de Sei es expresado a través de la toma de
Kamae (guardia) al principio de un Kata y a través de Osame al final(Osame:
volver de la guardia a la situación inicial, una guardia “menos
ofensiva”). Kamae y Osame son llevados a cabo con lentitud e intensidad
con un perfecto Zanshin. El concepto de Dô está basado en una
extrema economía de movimientos, a favor de la rapidez, la exactitud,
la no-anticipación y la sensibilidad que nos proporciona las acciones,
todo ello con un perfecto Kiai y Kime.
En términos más generales.
Si el lector es familiar con los Budô japoneses, no dudaran que toda
actividad está imbuida de cierta etiqueta, los gestos que están
diseñados para proveer al practicante de periodos de no-acción
precisan una gran calma. Estos espacios apuntan a una actividad más
intensa; como cuando se prepara la tinta para la caligrafía, antes
de empezar a dibujar un carácter en el papel virgen con un simple movimiento;
los pocos minutos de meditación antes y después del entrenamiento;
plegar la Hakama después del Keiko (entrenamiento) (algo que Kuroda
sensei en sus clases de Iaido definía como Kokoro wo tatamu (plegar
el alma). Hay muchos ejemplos que nos muestran que un cierto periodo de calma
es necesario para asegurar la transición de las actividades normales
del día a día, a actividades más intensas donde el individuo
está completamente cargado con su ser.
Este concepto está perdido en nuestra moderna y agitada vida. Ha acabado
siendo prácticamente imposible observar aquellos momentos de serenidad
que ayudan a calmar el espíritu y además a estabilizar la presión
arterial. Aplicando el concepto de Sei to Dô se puede sin embargo tener
excelentes resultados: recargar las baterías, incrementar la serenidad
y multiplicar por diez el poder de concentración: nada más podría
añadir, ya que es contrario a nuestra tendencia de buscar mejores resultados.
10- YOYÛ (margen)
(ESTE CONCEPTO ES ADQUIRIDO EN LA ETAPA JUTSU, DESPUÉS DE 5 A 8 AÑOS
DE ENTRENAMIENTO)
Estamos llegando a los conceptos que no podemos trabajar, sino que se adquieren
intuitivamente a través de un estudio regular de los conceptos, más
concretos, tratados hasta ahora.
Cuando entrenaba en el Dôjô de Shimizu Sensei, escuché
durante muchos años un comentario que yo tomaba como un elogio: “Isogashii,
ne!”. Se traduce coloquialmente por “te mantienes realmente ocupado”.
Me sentía muy agradecido de que la particularmente rápida secuencia
que acababa de ejecutar hubiera captado la mirada del Maestro y se inclinaba
brevemente para que mi orgullo se tornara más modesto. Más tarde,
comprendí que este aparente elogio era en realidad una crítica
completamente justificada. Estaba tan ocupado “arrojándome”
que no dejaba margen entre las técnicas para que las cosas se manifestaran
solas y así tener oportunidad de descansar.
Los Shûgyosha (estudiantes en la segunda etapa “Shûgyo”)
que han alcanzado un cierto nivel comprenden que han de tener una relativa
serenidad al aplicar las técnicas. Sus reacciones están encuadradas
dentro de una economía de movimientos que han adquirido y que les brindan
el beneficio de un cierto margen. Más y más, tienen la impresión
de que el oponente se mueve lentamente. Tienen tiempo para dejar que las cosas
vengan solas. Si Shimizu Sensei le viera, reemplazaría el irónico
“Isogashii, ne!” por “Yoyû ga aru, ne!” (Tienes
Yoyû).
Cuando un Maestro muestra una técnica, este concepto de Yoyû
es muy evidente. Los que observan que son ajenos a este concepto se impresionan
con la compostura del Maestro. Se toma su tiempo, sus movimientos son sobrios
y dotados de una fantasía de anticipación y además conservan
la característica gracia de los movimientos naturales.
Los ingredientes necesarios para este concepto son Ma-ai, Ri-ai, Zanshin,
así como una excelente maestría técnica combinada con
una serenidad de mente que nada puede perturbar (Fudôshin, Muga-mushin).
Como otros conceptos, Yoyû es igualmente aplicable en las actividades
del día a día. Está claro que la persona que hace las
cosas metódicamente, con precisión y sobriedad, conseguirá
a través de sus muchas actividades diarias, ganar mucho tiempo. Yoyû
es indispensable en una persona ocupada. Un hombre vago no tiene Yoyû,
porque este concepto, como el de Sei to Dô, implica momentos de intensa
actividad.
En lo que concierne al Shindô Musô Ryû, la experimentación
del Yoyû compenza con el estudio de Kage, la cuarta serie de Katas.
El acusado contraste entre los momentos de acción (Dô) y de no-acción
(Sei) no deja lugar a la anticipación y requiere una sobriedad de movimientos
sin par en otras series.
11- KAN-KEN (intuición y vista)
(ESTE CONCEPTO SE ADQUIERE PROGRESIVAMENTE)
Hemos hablado bastante de la visión en el concepto de Metsuke. La explicación
ha consistido en dos partes: Verlo todo … … sin revelar nada.
Hemos explicado como “ver todo”, también que “no
revelar nada” implica nociones más complejas. Evitar revelar
algo a través de los ojos implica vaciar la mente y no proyectar la
mente a través de los ojos. La explicación del concepto de Muga-mushin
nos permite penetrar en la importancia del principio del vacio.
En lo que se refiere a Kan, intuición, es posible precisamente cuando
el espíritu no está absorbido por los ojos y empieza a circular
libremente dentro de todo el cuerpo, permitiendo a los otros sentidos percibir
cosas que los ojos por si solos son incapaces de ver por si solos. Esto es
por lo que comúnmente nombramos el “sexto sentido”, sin
saber exactamente qué queremos decir. Es muy familiar para nosotros
porque ha copado la imaginación de muchos escritores y productores
cinematográficos, que lo han proyectado de una manera que solo puede
ser calificada de fantasía. Solo aquellos que han llegado a Fudôshin
y Muga-mushin pueden hacer uso de ese sexto sentido.
La armoniosa combinación de Kanken ampliará enormemente nuestra
visión. Los ojos observan las acciones del oponente sin poder identificarlas.
La visión intuitiva está de guardia y sabe como discernir lo
esencial.
12- MISOGI (ablución, purificación)
La sesión de entrenamiento ha comenzado de forma normal. Nada nos indica
que podrá pasar después. Después de 300 Suburi (cortes
repetidos rápidamente), la mayoría de los alumnos están
seguros de que la orden “Yame!” (stop) será dada pronto.
Unos pocos han bajado la intensidad del ejercicio. A parte de unos pocos,
más antiguos y astutos estudiantes que saben que esos 300 Suburi es
un típica forma de empezar una lección, nadie piensa que vaya
a continuar.
Después de 20 minutos, sus hombros están que arden de fatiga
muscular, consecuencia de los 300 Suburi y la falta de experiencia, algunos
de los menos experimentados alumnos empiezan a sentirse realmente poco confortables.
No pueden seguir, pero no quieren parar delante de los demás; “si
al menos cambiara el movimiento!”, piensan para sus adentros, pero no,
el Kiai dirige el ritmo para el mismo movimiento repetido en el Dôjô,
como si fuera un encantamiento. Poco a poco, el grupo de alumnos es engullido
por un estado de esfuerzo consciente, el dolor aprieta, la mente empieza a
olvidar la última pregunta sin respuesta. La necesidad de pensar progresivamente
se va derritiendo. La acción rítmica y solitaria se hace una
con la estructura del Dôjô como una oración.
Pero cada uno tiene una resistencia mental y física diferente. Las
primeras manos caen después de 45 minutos, pronto seguidos por algunos
otros. El primero en abandonar se siente teñido de decepción,
mezclado con el sentido de la vergüenza. Y continua. Unos pocos más
abandonan, pero la mayoría continua, chorreando en sudor, con una mirada
vacía.
Algunos de los que han parado, dan un paso atrás y continúan.
Todos se dejan guiar por el ritmo del Kiai de los más persistentes.
Sus mentes están vacías y no les importa cuando se parará.
De repente, para sorpresa de algunos, “Yame!”. En silencio todos
miran sus manos cubiertas de ampollas, sorprendidos al comprender que han
podido aguantar tanto tiempo. Se miran unos a otros, como a través
de un sorprendente sueño. Para algunos, ha sido una verdadera pesadilla
y aquellos que pararon a la mitad, comprenden que podían haber continuado,
si realmente se lo hubieran propuesto. Algunos encuentran excusas (no estaban
preparados, los últimos días han estado muy cansados …)
y se apresuran a explicárselo a los demás, que no les han preguntado.
Pero cada alumno tiene su ego visiblemente disminuido.
El guía, impasible con Fudôshin, le da a su grupo unos momentos
para reponerse del shock y concluye la sesión con un saludo impecable,
pero sin ninguna explicación.
¿Se precisa una explicación?. El grupo ha experimentado un sorpresivo
“Misogi”. Todos se han sentido bajo superesfuerzo físico
y mental. Esto ha sido posible gracias a un consciente esfuerzo ayudado por
un simple movimiento, siempre idéntico y a un ritmo constante. Cada
uno se ha encontrado consigo mismo cara acara, débil, susceptible al
dolor y la fatiga, en resumen como cada uno es. Algunos están gratamente
sorprendidos, otros se han sobreestimado, pero todos han ganado en humildad.
El nexo entre el grupo ha crecido y se ha hecho más fuerte. Todos se
sienten temporalmente purificados.
Misogi es un elemento indispensable en la formación de los Shûgyôsha.
Se llama Seishin tanren (forjado de un espíritu puro). Sin que esta
forma de entrenamiento se convierta en habitual, ha de ser utilizada periódicamente,
en particular durante seminarios o sesiones de entrenamiento intensivas.
13- FUDÔSHIN (mente inmóvil)
(UN CONCEPTO QUE SE COMPRENDE SÚBITAMENTE DESPUES DE MUCHO AUTO-ESTUDIO)
Fu: implica negación en japonés; Dô: movimiento; Shin:
mente. Este concepto no expresa una idea de inmovilidad del espíritu,
como muchos creen. Sino todo lo contrario: Es un espíritu que fluye
y no puede ser perturbado o interrumpido.
En general, el hombre es manipulado por los acontecimientos más que
ser controlados por él. Está a merced de sus sentimientos y
emociones. Como un corcho en un océano enfurecido, el se encuentra
bien o se deprime dependiendo de si está en la cresta o en el fondo
de la ola. Incluso con el mar en calma, se deja llevar por la corriente y
acaba convenciéndose a sí mismo de que lo ha elegido conscientemente.
Esto parece un boceto algo melancólico de tu destino, pero afortunadamente,
hay algunos aspectos que que contradicen esto. Aunque es un fiel reflejo de
la realidad. Un rápido vistazo alrededor (o en un espejo), nos convencerá
de los hechos. Somos en algunos momentos delicados, en otros irritables, entusiastas
y después violentos, y de repente, dependiendo de los hechos rebosantes
de cariño, magnanimidad y serenidad. Una increíble cantidad
de energía se gasta en esos cambios de humor, tan intensos como cortos
en nuestra vida.
Afortunadamente, o desafortunadamente, la fuerza de la costumbre nos permite
mantener este precario equilibrio de serenidad, porque estamos convencidos
de nada nos ayuda. Una minoría de hombres y mujeres se niegan a vivir
en este estado. Han decidido tomar las riendas de su vida, control los hechos
predecibles y hacer lo posible con aquellos eventos que no se pueden prever.
Deciden lo que les pasa, saben hacia donde van y que buscan. Están
interesados solo en lo esencial y han aprendido a detenerse en los detalles
solo en aquellas cosas que lo merecen.
Los japoneses llaman a esta actitud Fudôshin. Este concepto se adquiere
mediante el trabajo consigo mismo. El Kobudô se diferencia de otros
sistemas de enseñanza por las especiales posibilidades que ofrece de
realizar este trabajo interior.
Interferencias de los sentidos.
Este trabajo consiste en una primera confrontación con los sentidos
que interfieren constantemente en nuestra serenidad. Lo que más nos
frustra son las pérdidas. Si las sensaciones como el calor, el frio,
la fatiga, el dolor, la ira y la sed nos incomodan hasta el punto de distraernos
de la tarea que estamos realizando, así que tenemos pocas oportunidades
de que realizar una actividad de larga duración pueda derivar en algo
positivo.
Los ejercicios en Kobudô presentan un particular código de conducta,
que demanda una gran resistencia física y mental. Además, para
explicarlo, permítanme describir que revela la interferencia de los
sentidos en un carácter ficticio, dejando a un lado, de momento las
interferencias emocionales e intelectuales.
“Son las seis en punto de la mañana. Tengo sueño y frío,
necesito una taza de café y algo de comer. Estoy cansado y los dolores
y achaques me hacen recordar los esfuerzos del día anterior. Hoy va
a ser un buen día; desafortunadamente, no hay la más leve oportunidad
de dar un breve paseo y en cualquier caso hace un frío intenso, tengo
que tomármelo con calma, particularmente desde que tengo este terrible
libro … Pero a pesar de todo, estoy aquí, en un Dôjô
helado, con cuarenta masoquistas y dirigiendo esta fiesta sádica. Cada
Suburi (cortes repetidos rápidamente), estresa mi malestar y cada Kiai
grita una pregunta: ¿Qué hago aquí?”
Este carácter no podría encontrar fácilmente la respuesta
a esta pregunta. Está lejos de convencerse de que cada esfuerzo que
hace, un poco en contra de lo que desea, no es útil. Todavía
al final, no puede sentir la sensación de un poco de orgullo porque
ha aguantado hasta el final. En lo profundo de su ser el siente que si cuarenta
personas están preparados para aguantar ese grado de malestar, tiene
que tener algo de valor. El simple hecho de pertenecer al grupo y de seguir
al mismo guía es a menudo una buena razón para continuar.
Después, como un aprendiz, primero empieza con reticencia y luego continua
más y más conscientemente, el estudiante acaba por adquirir
un estado mental totalmente diferente. Está relativamente libre de
frenos físicos y está ahora libre también para hacer
lo que desea, ya que no es presa de las interferencias emocionales o intelectuales.
Y si desea entrenar entre las 6 y las 7 de la mañana, a pesar del frío,
el sueño, el hambre, la sed y los calambres, él está
conscientemente desterrando todas las sensaciones de malestar que le distraen
de su decisión. Lo que es más, lo va a hacer disfrutándolo,
porque un esfuerzo es gratificante solo si se hace libremente y con gusto
con la ayuda de un camino progresivo hace un estado de harmonía.
Con la voluntad, la ayuda del grupo y el ejemplo del guía, todos podrán
adquirir un Fudôshin físico, solo como estudiantes.
Y para aquellos que confunden el Fudôshin físico con la austeridad
monacal y el castigo corporal, ha de estar claro que el estudiante que ha
adquirido Fudôshin físico no es indiferente a las buenas cosas
y la vida y al confort. Todo lo contrario; lo aprecia mejor que nadie, porque
libremente ha decidido perder esas cosas regularmente.
Una larga y consciente resistencia llevará sin duda al estudiante a
una confrontación más seria: la lucha contra las interferencias
emocionales e intelectual. Es bien consciente de que la depresión causada
por una emoción fuerte puede reducir su Fudôshin físico
a la nada.
Interferencias de las emociones e ideas.
Mientras que es relativamente fácil liberarse a uno mismo de los malestares
físicos, se necesita mucho más para conseguir el estado emocional
e intelectual de no-apego que caracteriza a aquél que posee Fudôshin.
La felicidad exagerada o la profunda pena, las malas pasiones u odio indeleble,
la ira incontrolable, la insoportable humillación, las grandes decepciones,
el dolor incierto; todo esto es mucho más poderoso que una sensación
física desagradable, el dolor se hace insignificante por la comparación.
Por favor permíteme hacer un boceto, que puede aclarar más que
una larga explicación. Dejemos a un lado las interferencias menores
esta vez, asumiendo que han sido parcialmente superadas.
“Toda la próxima semana la hemos dejado reservada para un seminario
intensivo. Mis cinco años de entrenamiento me permiten dejar a un lado
la dureza de este asunto. Si, estoy dudando mucho sobre si iré …
Primero está mi novia. Ella se va a aburrir porque no le gusta estar
sola y no puedo soportar la idea de que flirtee con sus amigos como ocurrió
en el pasado. Esto siempre está presente en mi mente y la duda y los
celos me corroen. ¡ Y no hay nada que pueda hacer para remediarlo!
Encima este seminario se celebrará fuera del país. Todos aquellos
campesinos con armados y el olor a granja. Su nivel intelectual es lastimoso
y eso por no mencionar su inexistente sentido del humor.
Incluso aunque el personal encargado del entrenamiento tiene un excelente
nivel técnico, encuentro que no es suficiente para nuestros altos grados.
Nos va a dar el mismo trabajo básico y estará más preocupado
en saber si nuestras sandalias están bien alineadas que en encontrar
nuestros deficiencias técnicas. Va a soltar nociones de etiqueta, de
postura y de actitud mental otra vez …
Además, la gente que organiza el seminario no son miembros de nuestra
organización. Tenemos que forzarles a que dimitan, porque han organizado
otros seminarios para asociaciones rivales a la nuestra. Como uno de los miembros
que presiona para sus dimisiones, estoy un poco preocupado de que busquen
pelea conmigo. Ya hemos tenido dos enfrentamientos públicos …
Así que mejor me quedo en casa!”
Este individuo, alguien ficticio, espero, puede resistir el frio y el dolor,
pero no tiene control sobre sus emociones e ideas. El está abrumado
por los problemas sentimentales, prejuicios arrogantes, deseos egoístas
y convicciones sectarias; hay pocas oportunidades de progreso personal. Su
estancamiento personal, se convertirá en una fuente de frustración
cuando vea a compañeros con menos experiencia sobrepasarle. Sin la
ayuda de un shock, a largo plazo, dejara de practicar inevitablemente.
Hay una gran salto entre una mera actividad física y la remodelación
psicológica de una persona.
¿Cómo puede el Kobudô ayudarnos a cubrir este salto? La
respuesta es la misma como por ejemplo en el conflicto entre las interferencias
físicas: un guía y un grupo.
Sin embargo, hay una sutil diferencia entre este guía y este grupo.
En el primer caso, se esperaba del guía que fuera muy bueno técnicamente.
Nada más. El grupo se fortalecería a través del trabajo
con él y progresaría técnicamente.
En el segundo caso, no es suficiente la capacidad técnica. Además,
este guía tiene que poseer sabiduría y conocimiento, lo cual
revertirá progresivamente en el grupo.
El Método.
Sabemos que Fudôshin no es un concepto que se adquiera de forma externa,
pero es adquirido descartando lo que hay de superfluo en nosotros, esto es,
acabando con todos nuestros egos. Permíteme que examinemos ahora como
conseguir esto.
En el campo físico y técnico, como para el aspecto mental, el
trabajo es “sugerido” por el guía y realizado por los estudiantes.
El trabajo implica grandes esfuerzos.
El esfuerzo en sí mismo no es nada.
Alguien que sube unas escaleras o un edificio sin ascensor solo está
haciendo un esfuerzo natural. Alguien que sube las mismas escaleras cuando
hay un ascensor, que además funciona, está haciendo un esfuerzo
gratuito, ciertamente porque quizás espera que sea bueno para su salud;
sin embargo esto, está muy lejos de ser un super-esfuerzo.
Si, por otro lado, esta persona es alguien muy vago y siempre evita los esfuerzos,
entonces hace un super-esfuerzo dejando a un lado el ascensor y subiendo por
las escaleras, para dejar por ejemplo a personas mayores subir en el ascensor
en su lugar.
Si por el contrario la debilidad de este hombre es su orgullo, hará
un super-esfuerzo evitando las escaleras y cogiendo el ascensor junto a un
vecino con el que no le apetece estar y mostrándose cortés con
él.
Un super-esfuerzo es dirigido inexorablemente contra el punto más débil
de un individuo
Mucha gente que piensa que el trabajo sobre uno mismo no significa nada, llama
estos super-esfuerzos masoquismo, palabra que solo se aplica a la gratificación
sexual a través del dolor y la humillación. Utilizan esta palabra
solo porque ignoran su significado correcto, luego no son conscientes de los
beneficios de los super-esfuerzos. No son para satisfacer un sentimiento de
culpabilidad, ni para darnos placeres perversos: realizar un super-esfuerzo
es simplemente una forma de adquirir la verdadera libertad y una serenidad
constante a través de la eliminación de las interferencias inútiles.
Dentro del contexto del Kobudô y el Shinbudô abundan las oportunidades
para hacer super-esfuerzos. Forzando el entrenamiento a pesar de la fatiga;
eligiendo entrenar con un oponente que nos parece intolerable, o eligiendo
a un principiante cuando se tienen muchas ganas de practicar; sufrir un contratiempo
sin ofrecer excusas a cambio; mostrar humildad después de la esperada
victoria; estos son solo unos ejemplos.
El Budô y particularmente el Kobudô, nos ofrece con frecuencia
el contacto con conceptos que se refieren a la vida y a la muerte, aunque
solo sea simbólicamente. Progresivamente, esto nos incita a dar pasos
atrás. Con cada super-esfuerzo, vencemos un poco más nuestro
ego. Entonces, de repente, Fudôshin aparece. De ser unos meros corchos
a la deriva, nos encontramos con un timón, una quilla y una vela, y
nada hará que nos desviemos de nuestro rumbo.
14. MUGA-MUSHIN (no-ego, no-mente)
(CONCEPTO QUE SE ADQUIERE SÚBITAMENTE DESPUÉS DE MUCHO TRABAJO
Y ESFUERZO)
Este concepto se refiere al vacío interno. No es un vacío donde
algo se ha perdido, sino al vacío que aparece cuando se elimina lo
superfluo, creados por muchos egos propios. Hemos hablado de algo de esto
en el concepto previo, Fudôshin, no quiero detenerme ahora en esto y
dejo de lado la primera parte del concepto, Muga: no-ego.
Mushin abre otras puertas. Cuando un principiante se embarca en el estudio
de una disciplina marcial, ignora y no sabe que hacer con su mente. Entonces
aprende una técnica y se le dice que destine su mente a este movimiento,
entonces logra hacer la técnica con la mayor intensidad posible. La
mayoría se queda en este punto, y no comprende que esto es solo la
mitad del camino hacia la verdad. Un pasaje del trabajo del Takuan (The Unfettered
Mind, Takuan Sôhô, Kôdansha. Tôkyô), un monje
Zen del s. XVII, hablaba claramente sobre esto:
“Cuando ves el primer indicio de que una espada se está moviendo
para cortarte, si piensas en encontrarte con la espada en ese momento, tu
mente se parará justamente en la espada en esa posición, no
realizarás tus propios movimientos y serás cortado por tu oponente.
Si él, el guerrero, concentra su mente en la acción del cuerpo
de su oponente, su mente será tomada por la acción del cuerpo
de su oponente. Si concentra su mente en la espada de su oponente, su mente
será tomada por esa espada. Si concentra su mente en los pensamientos
de su oponente a cerca de atacarle, su mente será tomada por los pensamientos
de su oponente. Si concentra su mente en su propia espada, su mente será
tomada por ella. Si concentra su mente en sus propios pensamientos de no ser
agredido, su mente será tomada por ese pensamiento. Si concentra su
mente en la postura de su oponente, su mente será tomada por la postura
de su oponente. (…)
No importa en que concentres tu mente, si la concentras en algo, el resto
de tu cuerpo tendrá un funcionamiento pobre. Si no la concentras en
nada, entonces fluirá por todas las partes de tu cuerpo y se extenderá
por él completamente. De esta forma, cuando llegue a tus manos, asumirá
las funciones de las manos. Cuando llegue a tus pies, asumirá las funciones
de los pies. Cuando llegue a tus ojos, asumirá las funciones de tus
ojos. Pero si piensas, serás presa de tus pensamientos. (…)
Si la mente fluye por todo el cuerpo, cuando se requiera que una mano se mueva,
sólo se usará la parte de la mente que está en la mano.
Pero si decides una parte en la que concentrar la mente, cuando intentes sacarla
de esa parte, no saldrá.
Incluso si concentras tu mente hacia algo fuera de tu cuerpo, si la envías
en una dirección, descuidarás otras nueve direcciones. Si la
mente no se limita a una sola dirección, abarcará las diez direcciones.
(…)”
Déjenme concluir este extracto con un lapidario lema sobre el que se
podría emplear mucho tiempo pensar:
Pensar, “No pensaré”
Esto, también, es algo que ocupa nuestros pensamientos.
Simplemente no pensar
No pensar en absoluto.
La persona que ha conseguido este estado de “no-mente”,
es prácticamente igual que un principiante que no sabe en que fijar
su mente. La única diferencia es que ahora tiene una gran capacidad
técnica.
Una de las maneras de “parar de pensar”, cuando se realiza una
técnica es repetir incansablemente un amplio número de técnicas
a varios ritmos y diferentes intensidades. Cuando se aprende a mecanografiar,
uno se sienta delante del teclado, sin saber nada. Entonces uno empieza a
aprender y piensa: “Mi dedo meñique es para la tecla “A”,
el índice es para la “F”, etc”. Cuando uno realmente
sabe mecanografiar, es el corazón el que conoce el teclado. Pero cuando
se aprende completamente a mecanografiar, son los dedos los que se mueven
por si solos. En seguida, uno puede ser incapaz de decir que tecla sigue a
la “A”, pero esto no nos impide teclear.
Mecanografiar ha llegado a ser una parte de esa persona.
Muga-mushin requiere trascender a todo. Y cuando este concepto es aplicado
al combate, aunque sea simbólico, se trasciende a cosas muy importantes.
La noción de la vida y de la muerte es una de las más importantes
(Seishi wo chôetsu). Esto es posible, solo comprendiendo esta dualidad.
Como quiera que la vida, visto como algo bueno, se entiende como lo opuesto
a la muerte, visto como algo malo, y como también estamos preocupados
constantemente en clasificar lo que es bueno, nuestro espíritu estará
siempre “atado por cadenas” y no estará preparado cuando
la muerte “ataque”.
15. SHÛ-HA-RI (obediencia, ruptura, alejamiento)
ESTE ES EL CICLO NATURAL DE APRENDIZAJE, PRÁCTICA Y MAESTRÍA
La etapa SHÛ.
Un hombre desea aprender un arte con alguien que puede iniciarlo en él.
Cuando lo encuentra él, libremente, acuerda regirse por las reglas
de su acuerdo, y, como no es un experto, deposita toda su confianza en su
profesor. Desde el principio, encuentra una gran diferencia y decide llevar
a cabo sus obligaciones, aunque a veces no le vea relación directa
con lo que ha venido a aprender. Rápidamente comprende que su profesor
le muestra mucho más de lo que se requiere para el simple aprendizaje
del arte que ha venido a aprender. El profesor quiere ver las cosas hechas
de una cierta forma y con un concreto estado mental. En los viejos tiempos,
el profesor, a menudo era elegido por el padre de los chicos que querían
aprender el arte. Por ello, se entendía que la continuación
de la educación de los chicos era asumida por el profesor. Esto continúa
pasando hoy en día pero en muy raras ocasiones.
En el Budô, la primera etapa se llama SHÛ (proteger, obedecer).
Los jóvenes Gyôsha (estudiantes en la primera etapa) eligen un
Maestro o, más usualmente, son elegidos por él. Desde ahí,
el estudiante se somete sin reservas a los principios de la tradición.
Su experiencia no será muy diferente de la de un joven aprendiz. Sin
embargo, el aspecto educativo será más extenso que el aspecto
técnico. Las variadas tareas que le serán encomendadas le parecerán
algunas veces sin relación con una disciplina marcial. Esta es aún
la forma de pensar con las que se aplica a sus obligaciones en las que enfatiza
el Maestro. Más aún, se requerirá de él que “proteja”
los conocimientos técnicos que va adquiriendo, dejando a un lado formar
interpretaciones personales y simplemente ejecutando las técnicas con
la más rigurosa precisión. El joven estudiante irá desarrollando
progresivamente las cualidades de Jûnanshin, de las que hemos hablado
antes.
En un campo como el Budô, la primera etapa llevará de tres a
cinco años. Después de este periodo, el aprendiz o Gyôsha,
tendrá unos sólidos cimientos en su arte, pero aún no
tiene ninguna experiencia práctica.
La etapa HA.
El aprendiz está ahora cualificado técnicamente y tiene que
vivir sus propias experiencias. El profesor le pedirá que deje de practicar
cuanto le ha dicho y se enfrente a nuevas dificultades. No habrá nadie
que valore su trabajo o le dé consejo. Moviéndose entre la gente
que no le conoce, siempre estará obligado a probarse a sí mismo.
Esta experiencia, muy dura al principio, conseguirá al final, darle
una cierta confianza en sus habilidades. Mientras que aplica su experiencia
anterior, aprenderá nuevas técnicas y conocerá a gente
que tendrá diferentes interpretaciones del arte. Su conocimiento se
incrementará y su experiencia madurará. Incluso aunque el desarrolle
un estilo propio, está aún muy influenciado por las enseñanzas
de su maestro.
En Budô, este periodo se llama HA (romper). Es el momento cuando el
estudiante decide dejar el Dôjô para comprobar su habilidad en
otras tradiciones. Esta experiencia, llamada Musha Shûgyô (austeridades
del guerrero), está cargada de dificultades. Los descubrimientos son
muchos y las experiencias de aprendizaje dolorosas. Sin embargo, a través
de la actitud del estudiante, será el Maestro el que será juzgado.
El ha seguido siendo fiel, en espíritu, a su Maestro y sabe que de
alguna manera es su representante en el mundo. Después de incrementar
y enriquecer sus conocimientos bastante, adquiere una gran confianza en sí
mismo y desarrollara su propia técnica. Tendrá, al final, sus
propias ideas sobre el arte que está practicando. Este periodo puede
durar entre diez a veinte años o más.
La etapa RI
La etapa RI, es la consecuencia natural de las otras dos etapas. El artista
o Shûgyôsha (estudiante en la segunda etapa del aprendizaje) puede
ser que vuelva a su Maestro para ser su asistente o para sucederle en el Ryû
(escuela). Pero muy frecuentemente, a causa de su propia experiencia, querrá
hacer sus propias cosas, para crear un estilo personal basado en sus ideas.
Es posible que el alumno haya sobrepasado al Maestro, al menos técnicamente.
Si este es el caso, el Maestro le dará algunas lecciones y estará
orgulloso de haber sido el punto inicial de tan bonita vocación.
En ese momento, él mismo como Maestro, el alumno se descargará
de sus obligaciones hacia su Maestro, mientras que guarda un gran respeto
y gratitud por haberle dado solidas bases sobre las que construir su propio
estilo. Ahora no tiene a nadie a quien preguntarle más que así
mismo.
Conclusión
La progresión natural expresada en la noción de Shû-Ha-Ri
se puede encontrar en las más diversas esferas, de la más insignificante
a la más global. El chiquillo aprendiendo a cortar leña con
su padre, copiará sus movimientos (SHÛ). Después de unos
días, cuando su padre reconozca que se puede valer por sí mismo
y lo dejará solo. En los siguientes días, el chico hará
sus propios descubrimientos. Probará diferentes métodos, cortará
la leña demasiado gruesa, incluso puede hacerse daño alguna
vez (HA!). Luego, después de unos meses, habría sido un maestro
en esta tarea. Cortaría la leña a su manera (RI), pero el tiempo
que emplearía y el tamaño de los trozos habrían sido
aceptables.
En un sentido más general, el chico está en la etapa SHÛ
hasta la adolescencia. Todo lo que le dicen sus padres representa la única
verdad que conoce; obedece. Como adolescente, entra en la etapa HA. Rompiendo
esquemas, el realiza sus propias experiencias, fuera del núcleo familiar.
Las diferentes ideas y las nuevas influencias que le asaltan son a menudo
contrarias a las ideas aprendidas en la etapa SHU. Entonces engendra una familia.
Su estilo de vida es, en general, diferente del de sus padres. Está
en la etapa RI y puede ver a sus propios hijos en la etapa SHÛ.
Cuando alguien acortar camino, automáticamente crea una serie de problemas
que se suman a las ya abundantes dificultades de cada etapa.
Un dicho japonés sobre el concepto de Seishin tanren (forgar un espíritu
puro), dedicado a los practicantes de Budô, ilustra muy bien lo que
intento explicar:
“En Budô, se requiere mil días para aprender (la técnica),
diez mil días para pulirla; la diferencia entre la victoria o la derrota
es asunto de unas fracciones de segundo”.
Es solo después de esos 33 años que el concepto de la etapa
RI puede ser comprendido y adquirido un conocimiento rico y global.
16. SENSEI (El Maestro)
Etimológicamente “Sensei” signjifica “el que ha vivido
antes (Sen=antes;sei=vida).
En los conceptos que hemos explicado antes a menudo he mencionado al “Guía”
o al “Maestro. Pero, ¿Quién es esa mítica persona?
¿de dónde procede? ¿cómo podemos reconocerlo y
dónde podemos encontrarlo?
Podría ser peligroso responder todas estas preguntas de un modo demasiado
general. Como este libro apunta bastantes veces, un verdadero Maestro es difícil
de encontrar.
En el camino, es alguien cuya vida nos puede guiar. Cuando fue joven, alguien
le guió a través del camino en el que ahora nosotros estamos
inmersos. Él siguió ese camino hasta el final y después
de superar miles de dificultades, una a una, llegó al destino final:
la iluminación (Satori), El “Do”. Miles de millones de
personas nunca parten en este viaje, millones lo intentan por una jornada
y abandonan y solo unos cuantos miles llegan al destino.
Este hombre está aún en el principio. Ha completado el círculo
completo. Puede mostrar a otros el camino; conoce todas las curvas, todos
los peligros, pero él no puede caminar por nosotros. Esto es por lo
que él elige buenos caminantes desde el comienzo, los viajeros que
parecen estar preparados. A pesar de esta criba inicial, sabe que muchos no
seguirán por mucho tiempo. Muchos van cargados con demasiado equipaje.
La mayoría preferirán darse la vuelta a la primera dificultad,
antes que abandonar su equipaje. Es cierto que algunos pasos serán
tan estrechos que solo podrán atravesarlos si dejan atrás su
ego.
Como todos los buenos guías que conocen el camino y sus dificultades,
el Maestro dirigirá el paso adecuado. Cuando sea necesario saltar para
atravesar un precipicio, nos lo aconsejará, nos dará ánimos
y hasta nos ofrecerá una mano, pero no podrá saltar por aquellos
que están aterrorizados y se verá forzado a dejarlos atrás
y seguir adelante con lo que sí han pasado.
Su recorrido por el camino les ha hecho descubrir el mundo en su totalidad.
Ahora puede mostrarnos cada detalle del camino, y reemplazarlo, para nosotros,
en un contexto global. Esto es conocimiento.
Pero seamos honestos. ¿Merecemos un Maestro así? Quiero decir,
¿estamos preparados para seguir a un hombre así? Muchos esperan
que un Maestro les de el “Conocimiento”, mientras están
sentados y lo miran con los ojos muy abiertos. ¿Cuántos están
dispuestos a hacer lo necesario para seguir a este Maestro una jornada, más
allá de las dificultades que podamos imaginar?
En general, alguien que busca un Guía así está dentro
de una crisis y está en una encrucijada en su vida. Está deprimido,
frustrado, no cree en nada; vaga, desilusionado y desesperado.
Es cierto que esto ofrece un campo extremadamente fértil para enseñanzas
esotéricas. Su mente, aun agitada por el shock de su propia duda, es
un campo perdido ideal para que broten las semillas del conocimiento bajo
excelentes condiciones. Este hombre, si nunca encuentra un Maestro, estará
agradecido de intercambiar su sufrimiento insustancial por los dolores de
una educación esotérica, en el que cada angustia le acercaría
un poco más a la verdad.
Pero muchos otros, que son relativamente felices, que están profundamente
apegados a sus parejas o a su tierra, cuya profesión les satisface
plenamente ¿dónde pueden encontrar motivaciones para buscar
a una Maestro?
Y la mayoría de nosotros tenemos el guía que merecemos: un hombre
como tú, pero cuya edad, grado, experiencia y atributos físicos
y técnicos son mayores que los nuestros. Después de unos años
junto a él, el aspecto técnico ha mejorado. Nos encontramos
cercanos a él, con la misma perspectiva aprehensiva sobre lo desconocido.
Los años de experiencia extra del Guía, no pueden llevarnos
más lejos, porque él tampoco conoce el camino. Él lo
hace con viajeros guía en los tramos que conoce, y por ello, merece
nuestra estima. Puede indicarnos un guía más experimentado para
los viajeros que quieren continuar, si conoce alguno, o quizás el está
buscando uno para sí mismo. Pero, ¿qué pasa con aquellos
que se estancaron a mitad de camino, sin nadie que les guíe más
allá? Un pequeño número decidirá continuar solos,
sin un guía. Por ello su coraje es de admirar, pero tienen pocas posibilidades
de llegar al destino. Otros irán buscando el guía ideal, ese
raro pájaro bajo cuyas alas tampoco saben a dónde les permitirá
llegar.
Pero la mayoría de ellos, realmente, no quieren ir más allá.
Es un buen punto, se asientan. Harán pequeños viajes, con diferentes
guías, alrededor del punto en que se han parado, buscando un guía.
Sin embargo, hay un importante punto que no debemos olvidar. Todos aquellos
que se sumergen en una disciplina marcial un día, hicieron un esfuerzo
fundamental: partieron. Viajaron un corto camino hacia el Dô. Y aunque
no lo han alcanzado aún, al menos están más cerca. La
primera parte del camino no ha estado exenta de dificultades, pero han constituido
una enriquecedora experiencia. Incluso sin un guía ellos podrán
continuar su progreso.
Ellos, podrían hacer lentos progresos, pero el entrenamiento constante
preparará el terreno para que si en alguna ocasión encuentran
una profunda verdad, deje una profunda marca en su mentes. Entre esos momentos,
continuarán desarrollando las enseñanzas del Budô, satisfaciendo
sus anhelos de perfección antes de morir.
Las enseñanzas que se enfatizan a través de la práctica
sincera del Budô pueden ser resumidas en la práctica de Gojô,
los cinco preceptos.
17. GOJÔ (Las cinco cualidades)
Gojó es un conjunto de cualidades humanas que forjarán un verdadero
hombre, en el sentido más noble del término.
Estas cinco cualidades, o preceptos, fueron ya predicados por Confucio, hace
más de 2500 años y fueron pensadas para promover el bien social
y político entre la gente que querían ser reconocidos como “hombres
nobles” (Jun Zi) y “hombres de pequeña envergadura”
(Xiao Ben).
La filosofía confucianista ha sido interpretada de muy diferentes maneras,
tenemos que admitirlo, ha servido para justificar dictaduras a través
de la exaltación del individuo. Sin embargo, estas cualidades existen
desde antes de Confucio y siguen existiendo hoy en día. Si se interpretan
objetivamente y no relacionándolas con interpretaciones engañosas
realizadas por religiones y ciertas civilizaciones, entonces pueden realmente
ser piedras fundacionales de verdadera nobleza en la existencia humana.
Estas cualidades son tan importantes que representan naturalmente objetivos
de los estudiantes de Budô.
Estas cinco cualidades son interdependientes. Solo si cada una de ellas es
moderada por las otras cuatro adquieren su verdadero valor sin ser alteradas
por la intolerancia o la desidia.
Las Gojô son nombradas en los certificados de Shindo Musô Ryû
Jodô, donde su práctica es fuertemente animada. Quizá
porque yo flojeo en estas cualidades y me parecen tan fundamentales, por lo
que no he dudado en incluir sus caligrafías al comienzo de cada apartado
de este libro.
NIN o JIN (Benevolencia, humanidad)
Jin, o Nin, no es simplemente la amabilidad entregada gota a gota. No tiene
nada que ver con el amor o la amabilidad que se restringe a un círculo
cerrado de personas. Tampoco es timidez, o presión, ni la rara sonrisa
de nuestra civilización, una civilización cuya especialización
y “respeto por la vida privada” ha acabado por menoscabar las
relaciones humanas, cada persona en un compartimento de una sociedad, donde
ha llegado a ser sospechoso el sonreír a un estraño.
Jin, o Nin, refleja el estado mental de un hombre que acepta el universo e
intenta estar en armonía con él, en vez de intentar cambiar
su inevitable flujo. Con pasiones trascendentales, divergencias, diferencias,
el ha llegado a ser un sol que brilla y calienta todo lo que toca.
GI (Justicia)
Debido a que tiene que juzgar un amplio abanico de casos rápidamente,
la justicia, tal y como la conocemos, es incómoda, imperfecta y a menudo
una máquina represiva. Basada en algunos conceptos a veces equivocados,
raramente toma en cuenta el aspecto individual.
Templada con un poco de Jin (Benevolencia) y saturada de Chi (Conocimiento),
Gi aparece como la imagen de la justicia universal, una justicia donde nadie
es juzgado, pero en la uno busca entender con el corazón algo como
blandir la espada del bien y del mal. Reforzado por las leyes de la naturaleza,
esta Justicia es totalmente objetiva y examina cada caso aisladamente, en
su propio contexto y en relación con el Universo.
REI (Etiqueta)
Rei no tiene nada que ver con las reverencias sin sentido, ni con las pretensiones
con las que nuestras bulliciosas civilizaciones nos han acostumbrado, y que
solo pretenden disimular la hipocresía.
Rei es la noción de Etiqueta en términos de un lenguaje de signos
que nos permite expresar nuestro respeto y consideración hacia los
demás. Cada detalle de la Etiqueta ha de surgir del corazón.
Rei no puede ser reservada para alguien cuyo rango o importancia demanda un
trato particular. Rei emana aquel que la posee y aplica a todo su alrededor,
gente, sin discriminación de rango, raza, sexo, animales y cosas. Un
árbol merece el mismo respeto que un animal o un ser humano ya que
todos son partes del mismo Universo.
CHI (Conocimiento)
Este Conocimiento no es el que se exhibe como una medalla. Al final del siglo
veinte, nos encontramos inundados por una corriente de información.
Nuestro cerebro ha de grabar cosas muy diferentes que no es capaz de extrapolar
fuera de ese mar de información especializada, para permitirnos dar
un paso atrás y abarcar todo con el campo de visión para tener
una visión general de las cosas.
El verdadero Conocimiento es indivisible. La invariabilidad une el más
leve detalle con su principio universal, y este principio con el Universo
entero. Todo es uno.
SHIN (Confianza)
Aunque una promesa tiene cierto valor en algunos países, en la mayoría
de los países industrializados ha perdido su significado: un apretón
de manos, una mirada honesta y una promesa verbal no tiene nada que hacer
contra un pedazo de papel firmado, que automáticamente se convierte
en una terrible arma que puede volverse en tu contra en cualquier momento.
Sé que es un poco ingenuo por mi parte escribir eso, ya que los acuerdos
escritos son necesarios hoy en día cuando la brecha en la lealtad es
tan amplia. Sin embargo el verdadero significado de la Confianza parece haber
desaparecido prácticamente, o al menos, se ha restringido solo a los
conocidos más cercanos.
Aquel que tiene Shin nunca romperá su palabra y jamás traicionará
la confianza de los demás. Relaciona su dignidad con la Confianza que
inspira a los extraños y a los más íntimos amigos.
Traducción libre de: PASCAL KRIEGER. The way of the stick. Geneve 1989
ISBN 2-9503214-0-2
© dela traducción Shin Ko Dojo