HISTORIA DE JAPÓN
JAPÓN ANTES DE 1603.
Antes de llegar a esta fecha tan importante, que señala la unificación
de Japón bajo las leyes Tokugawa, examinaremos los violentos hechos
que produjeron la llegada al poder de este dictador y que aislaron el país
del resto del mundo por más de dos siglos.
Los antiguos japoneses eran cazadores y granjeros antes de la llegada de los guerreros profesionales. Estos guerreros fueron llamados “Bushi” y aparecieron por primera vez en el s.VIII . Las constantes luchas entre las sociedades tribales de este periodo favoreció el desarrollo de esta nueva clase social. La introducción oficial de la profesión en términos de privilegio hereditario, en el s.X, otorgó una nueva importancia a los Bushi. Sin embargo la clase guerrera tuvo su edad dorada en el s. XII, con el advenimiento del primer gobierno militar en la era Kamakura (1185-1336), después de la victoria de los Minamoto sobre los Taira en la Batalla de Dan no Ura (1185).
La edad de oro de los Bushi
El líder victorioso, Minamoto no Yoritomo (1147-1199) rápidamente
movió su (gobierno militar) lejos de Heiankyo, la capital (Kyôto),
para establecerlo en Kamakura. La nueva localización, un tanto salvaje,
debido a las continuas incursiones de los Ainu (tribus del norte, de diferentes
razas), obligó a los Bushi a llevar una vida ruda, en la que el entrenamiento
de las artes marciales llenaban todo su tiempo.
Yoritomo demandaba las mejores cualidades de sus Bushi. Lo que más
valoraba era la lealtad y admiraba el coraje incluso en sus más temibles
enemigos. Detestaba la codicia y no dudaba en imponer duras sanciones contra
aquellos que anteponían sus intereses a su deber.
Minamoto no Yoritomo evitaba reclutar soldados y prefería rodearse
de soldados profesionales de entre las familias nobles que le eran leales.
Sabía que los reclutas eran solo soldados temporales, sin embarto los
Bushi dedicaban toda su vida a la guerra.
La dictadura de Yoritomo fue totalmente militar, pero no fue injusto con el
pueblo. Su política genero un periodo de paz y prosperidad sin precedentes.
Desafortunadamente no duró mucho. Después de la muerte de Yoritomo
(1199), el clan Hôjô asentó su poder a través de
sus regentes y proporcionó varios Shôgun (gobernadores militares)
que no eran de origen Bushi; esto fue el comienzo de su decadencia.
Minamoto no Yoritomo es visto por el pueblo japonés como el Bushi ideal.
Prácticamente deificado, el se convirtió en el perfecto guerrero
para las generaciones que le sucedieron. Esto debe ser por lo que la lealtad,
el coraje, la integridad y las hazañas militares de los Bushi Kamakura
nunca fueron igualados en el resto de la historia de Japón.
La decadencia
El sistema de gobierno de Yoritomo tenía forma de triángulo,
con él mismo en el vértice superior. La lealtad y el honor representaban
los dos lados y la base las artes guerreras (Bujutsu). El sistema era llamado
Kyûba no Michi (la vía del Saludo y el Caballo) y después
fue llamado Bushidô (la vía del guerrero).
La naturaleza burocrática, el descuido y la corrupción de la
Regencia de los Hôjô, progresivamente erosionó los dos
lados del triángulo, la lealtad y el honor. Pronto, solo la base del
triángulo permaneció, el Bujutsu en su forma más cruda.
Sin los valores de la lealtad y el honor, las artes marciales decayeron hacia
un poder brutal que tanto podía servir al gobierno, como ir contra
él.
Los Bushi que eran gobernados por el Shôgun que entendían algo
de Bujutsu y que se rodeaban a sí mismos de su propio ego y de incompetentes
cobardes. Los Bushi pronto perdieron la virtud de la paciencia y progresivamente
volvieron a se autónomos. Esta situación constituyó un
nuevo caos, a pesar de las dos reunificaciones temporales de los japoneses
para repeler los dos intentos de invasión mongoles en la segunda mitad
del s. XIII.
La primera mitad del s.XIV, vio el principio del turbulento periodo Muromachi
(1336-1573). La traición de Ashikaga Takauji, el general del Bakufu
Hôjô, llevando la dominación Hôjô a su final.
Takauji se alineó con las fuerzas imperiales permitíendoles
derrotar a los Hôjô. Y a la vez tomando ventaja de la inexperiencia
política del Emperador, Ashikaga Takauji pronto estableció su
propia corte y su propio gobierno. Con el paso del tiempo Takauji y sus sucesores
pasaron la mayor parte de su tiempo asegurando sus propios privilegios a través
de intrigas en la corte del Emperador en Kyoto.
Durante este periodo resulta raro que ningún emperador fuera asesinado.
Por más de siete siglos, el Shôgun prestaba cierto respeto al
emperador y bajo la tapadera de protegerlo, el Bakufu mantenía una
gran cantidad de gente en la corte de Kyoto, para asegurarse de que nada sospechoso
ocurría. Así, paralelamente al Shôgun, los emperadores
iban y venían, sin poder y sin independencia, aunque mantenían
un importante valor simbólico. El poder del emperador no fue restaurado
hasta 1868, después del colapso del sistema feudal. Mutsuhito, conocido
después como Meiji Tennô (Emperador del Gobierno Iluminado),
fue uno de los constructores del moderno Japón.
El caos
Antes de que viniera el oscuro periodo de las guerras civiles, Sengoku Jidai
(Periodo de Pais en Guerra, 1467-1573). En esta época todo el mundo
actuaba en base a sus propios intereses. Los Bushi desertaron de sus posiciones
y el poder cayó en las manos de los Bushi de menor rango y de los civiles.
Los granjeros y los habitantes de las ciudades, hambrientos e impacientes
empezaron a protagonizar revueltas en masa. Incluso el Gobierno atravesó
momentos difíciles. Fueron unos tiempos en los que el sentido de la
dignidad parecía haber desaparecido.
Esta caótica situación llegó a su auge del periodo de
cambios mas revolucionarios de la cultura japonesa. Los Bushi se convirtieron
en más y más independientes y llegaron a ser reyes locales:
Daimyô (Grandes Nombres), o señores feudales. Para defender estos
pequeños estados-dentro-del-estado, cada Daimyô mantenía
un pequeño ejército en secreto. Esto fue el origen del sistema
de artes marciales: los tradicionales Ryu. Como la influencia era medida en
términos de poder, los Daimyô empezaron a reclutar; primero entre
la clase Bushi, una clase ya venida a menos, y luego entre los vagabundos,
bajos cargos y otros componentes de las clases más bajas, que intercambiaban
lealtad a cambio de miseria. Este último grupo fue llamado los Nobushi
(guerreros del campo). Al mismo tiempo, los Daimyô reclutaban soldados
de sus propios granjeros, estos fueron llamados Ji-samurai (guerreros granjeros).
Estas dos clases de guerreros rompieron el privilegio de portar armas que
hasta entonces solo habían tenido los Bushi. Los Bushi estaban descontentos
con esta situación. La única aparente diferencia de su superioridad
era su derecho a portar dos espadas (Dai-shô), mientras que los Nobushi
y los Ji-Samurai solo podían llevar la espada corta.
Deseos de unificación
Como siempre, cuando las cosas van muy mal, las cosas solo pueden ir a mejor.
Pronto, el deseo de unificación del país fue el lema de unos
pocos Daimyô, que vieron en ello la forma menos egoísta de solucionar
los problemas del país. Uno de los unificadores, Oda Nobunaga (1534-1582)
puso fin a las reglas de Ashikaga ocupando Kyôto. El legisló
duramente y chocó con la mayoría de los Daimyô, que defendían
sus propios intereses. Asesinado por uno de sus generales, Oda Nobunaga no
pudo completar sus planes de unificación. Si Nobunaga ocupa una posición
importante en la historia de Japón, en el mundo del Bujutsu es visto
a menudo como el destructor de los valores marciales clásicos. Él
potenció un ejército de campesinos y los instruyó a toda
prisa en el uso de armas de fuego, que introducidas por los Portugueses en
1543 fueron la principal controversia entre los Bushi, que las consideraban
armas de cobardes, no obstante fue una época en que los guerreros estaban
más interesados en la victoria que en la forma de conseguirla, lo que
hizo que paulatinamente se fueran extendiendo. Las armas de fuego masacraron
a los clásicos Bushi en la Batalla de Nagashino (1575), contra Takeda
Katsuyori. Batalla esta representada en la película Kagemucha de Akira
Kurosawa.
Después de la muerte de Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi (1536-1598) continuó
con los esfuerzos de su predecesor hacia la reunificación de Japón,
lo que consiguió al final del s.XVI. Hideyoshi estableció rígidas
estructuras que favorecieron la fundación de la dictadura Tokugawa:
los campesinos no podían portar armas y la movilidad geográfica
fue estrictamente prohibida (un samurái no podía ser campesino
and viceversa). Esta ley no se aplicó a los Nobushi y Ji-samurai que
se habían convertido en criados Bushi, pero su pobre destreza marcial
no les permitió acceder a los rangos de los guerreros clásicos.
Después de la muerte de Hideyoshi, una corta, impactante y sorprendente
victoria de Tokugawa Ieyasu en la Batalla de Sekigahara (1600). El Bakufu
se estableció en Edo (Tôkyô). El reinado de Takugawa iba
a ser uno de los más largos de toda la historia mundial y proporcionó
una relativa paz (una paz “abucheada”) a Japón por más
de dos siglos.
JAPON DESPUÉS DE 1603.
El esquema presentado es algo simplista, pero ayuda a comprender que una nueva
dictadura militar era necesaria, una positiva claro, para Japón después
de muchos siglos de guerras internas. Los cinco siglos turbulentos que dieron
lugar a esta dictadura ayudan a explicar la importante posición del
ejercito al comienzo del s. XVII.
Tokugawa Ieyasu (1542-1616), el primer Shôgun del periodo Edo, se encontró
gobernando a un pueblo que en un momento u otro había sido soldado.
Este potencial de agresión debía ser controlado. Ieyasu instaló
un tiránico y diabólico forma de gobierno que efectivamente
bloqueo al país dentro de una autentica camisa de fuerza.
Los japoneses fueron divididos en cuatro distintas clases: los Bushi (también
llamados samurái) “SHI”(Bushi), que estaban en la cúspide
de la pirámide, lejos hacia abajo estaban los campesinos “NÔ”(Nômin),
los artesanos “KÔ”(Kôsho) y los comerciantes “SHÔ”
(Shônin), en este orden. Esta escala social fue llamada SHI-NÔ-KÔ-SHÔ.
A parte quedó el clero y los HInin (no-humanos), que estaban aún
más abajo y que eran los supervivientes de los Ainu masacrados, vagabundos,
koreanos prisioneros y todos aquellos rechazados por la sociedad. Eran obligados
a realizar los trabajos considerados repugnantes.
Este sistema prohibía todo movimiento en sentido vertical. La herencia
enclaustraba a cada niño en su clase social, independientemente de
sus cualidades.
Los Bushi
Algunas historias de Japón nos hacen pensar que en el país solo
había samurái, sin embargo solo formaban el 5% de la población.
Sin embargo eran hombres entrenados, educados y armados: a pesar de su número
representaban la constante amenaza del nuevo gobierno.
El shogun Tokugawa demostró ser muy inteligente para mantener bajo
control a los Bushi. Primero de todo el país fue dividido entre “Han”
(religiones feudales). Cada Han fue reglamentada por el Daimyô al que
se le había dado algo de relativa libertad para ello. El Bakufu tuvo
cuidado de ganarse la lealtad de los Daimyô que potencialmente podían
ser peligrosos. Es más, bajo decreto se obligó a cada Daimyô
a hacer una visita oficial a la corte del Shogun, al menos una vez al año.
Se requería que estuviera allí durante al menos seis meses.
Este sistema fue llamado Sankin kôtai (deber de visita alternada).
Algunos Daimyô necesitaban semanas de viaje para llegar a la capital
y gastaban fortunas en viajar con su séquito a todo lujo, lo que los
obligaba a gastar la mayoría de su tiempo y a vaciar sus arcas, con
lo que el Bakufu convertía a los Daimyô prácticamente
en inofensivos: cuando volvían a sus tierras, usaban su tiempo en poner
las cosas en su sitio y en asegurarse suficientes impuestos para financiar
el siguiente viaje. Además el Bakufu insistía en que al menos
una persona importante de la familia del Daimyö residiera permanentemente
en la capital. Estos “huéspedes”, podrían ser utilizados
como rehenes al menor problema.
Para reforzar estas leyes, el Bakufu mantenía un considerable ejército
compuesto de samuráis de bajo rango armados con armas de fuego. La
relativa paz del país supuso el declive de las artes marciales. Los
Bushi descorazonados y frustrados, eran inclinados paulatinamente a practicar
Bujutsu. De hecho, los entrenamientos eran muy recomendados. La constante
amenaza obligaban al gobierno a buscar formas de refrenar su carácter
guerrero. Muchos Shogun desaprobaban abiertamente la práctica del Bujutsu.
Algunos fueron más allá incluso prohibiéndolo. Un reciente
estudio sobre las Buke shohatto (Reglas para familias guerreras), muestra
que las sucesivas alteraciones de ellas, progresivamente disminuían
la importancia del Bujutsu, a favor de las cualidades confucianas. Incluso
al comienzo del s. XVIII, el equilibrio entre las artes literarias y las artes
marciales (Bun-Bu) fue irreparablemente roto.
Los Bushi al servicio de Tokugawa no estaban formados en la batalla. Eran
un manojo de nostálgicos de la valentía, pero no era posible
probarla. Los únicos Bushi de calidad eran los de los Daimyô
de las provincias lejanas. El espíritu combativo de sus guerreros se
mantenía alto debido a lo salvaje de las zonas que habitaban y de las
austeras vidas que llevaban. Es en estas regiones donde, incluso hoy en día
se pueden encontrar las más antiguas Ryû. Era donde estas Ryû
crecían continuamente hasta que el régimen Tokugawa fuera derribado
dos siglos más tarde.
La población
Incluso aunque el Bakufu garantizó algunos privilegios a una parte
de la población para conseguir el favor de algunos Daimyô obstinados,
los japoneses vivieron bajo unas leyes muy opresivas. Los impuestos eran extremadamente
altos y la discriminación entre el pueblo (campesinos, artesanos y
comerciantes) y la nobleza (Bushi) era extrema. Una completa serie de prohibiciones
prohibían los derechos individuales básicos. Los eventos culturales
como el Gagaku (espectáculo de música y danza) o el Nô
(Drama lírico con música, danza y poesía) eran exclusivamente
reservados para la clase Samurai, mientras que el Kabuki (pieza teatral, en
el que los diálogos eran alternados con canciones y danza) y el Bunraku
(espectáculo tradicional de marionetas) eran reservados para el pueblo.
Sin embargo algunas personas del pueblo eran autorizados a portar la espada
corta, pero no podían llevar las dos espadas, lo cual los exponían
a la superioridad de los Bushi, que tenían el derecho de la vida o
de la muerte sobre todo aquel que mostrara una falta de respeto. Este derecho
era llamado Kirisute Gomen (permiso para cortar y abandonar a la victima).
El código de conducta de los Bushi actuaba como freno para los abusos,
que eran relativamente raros. Por otro la do la tenencia de literatura subversiva
era severamente castigada y los errores de etiqueta asunto de sanciones ejemplares.
Prisioneros de su propia clase social, el pueblo tenía derecho a jugar
a juegos reservados a ellos, de manera que permanecieran callados y en la
ignorancia. A pesar de todo ello, hay que reconocer que la ausencia de conflictos
importante creó un clima favorable para el el comercio y el florecimiento
del arte. Hacia el final del s. XVIII, las desastrosas reglas del Bakufu fueron
la causa del empobrecimiento de los nobles y el incremento de la prosperidad
de la clase comerciante, que acabó ostentando el poder comercial. Algunas
de esas familias comerciantes fundaros grupos industriales que aun son famosos
hoy en día, por ejemplo Mitsui y Sumitomo.
Aislacionismo
Encaminados a menoscabar la influencia extranjera del Cristianismo y a potenciar
el monopolio del comercio en el país, el Bakufu sello las fronteras
de Japón. Desde la mitad del s. XVII hasta el comienzo del s. XIX,
los japoneses no solo estaban aislados dentro de su clase social, sino también
dentro de sus fronteras. Estaba prohibido bajo pena de muerte entrar o salir
del país. La única concesión para el comercio extranjero,
era el derecho de los barcos mercantes de algunos países a anclar en
la isla de Deshima, cerca de Nagasaki. Durante cerca de dos siglos, esta fue
la única puerta abierta al resto del mundo.
A través de los intercambios comerciales en Deshima, un importante
flujo de noticias del resto del mundo llegaban hasta el Bakufu. Pero fue a
finales del s.XIX, que el gobierno se dio cuenta de que el Oeste se había
adelantado considerablemente. Grupos de estudiantes fueron progresivamente
enviados a las capitales europeas, pero el espacio perdido era enorme y la
apertura de las fronteras se hacía más y más necesaria.
Pero a pesar de la progresiva apertura, Japón sufrió la vergüenza
de ser forzado a hacerlo por la presión extranjera. El Comodoro Perry
(USA) dio al Bakufu un ultimátum en 1853 y cuando volvió con
una flota de guerra en 1854, el gobierno Tokugawa fue obligado a firmar un
tratdo con los Estados Unidos, para abrir las fronteras de Japón al
comercio con este país. Las nuevas ideas que entraban a través
de esta apertura en las fronteras acabo destrozando la estructura feudal del
Gobierno Edo.
EL NACIMIENTO DEL MODERNO JAPÓN
La estructura feudal del Bakufu no pudo resistir mucho al continuo golpeteo
del Oeste. La apertura creada por el Comodoro Perry en 1854 rápidamente
se fue ensanchando y un flujo de ideas del Oeste sumergieron al Japón
y barrieron 265 años de la dictadura de los Tokugawa. El joven emperador
Mutsuhito, viviendo recluido en su palacio de Kyôto, tomó el
poder en 1868. Fue conocido como el Meiji Tennô, el Emperador del Gobierno
Iluminado (Meiji: Gobierno Iluminado. Tennô:Emperador).
Todos los arquitectos de la restauración Meiji, estuvieron de acuerdo
en borrar los 700 años de impotencia del poder imperial, pero se discutía
sobre qué dirección debía tomar Japón. Los Progresistas,
querían eliminar cualquier traza del régimen feudal, pero los
Conservadores, principales responsables de la caída de la dictadura
Tokugawa, esperaban importantes puestos en el nuevo gobierno en orden a restablecer
las instituciones pre-feudales y el espíritu guerrero. Estas idas encontradas
dieron lugar a violentas controversias e incluso a luchas. Pero estaban unidos
en una meta común, ganar el respeto del Oeste a toda costa.
Esta meta fue conseguida al final de la era Meiji. El ejército fue
formado con los soladdos del Bakufu, sin experiencia en la guerra. Su espíritu
marcial fue menoscabado por reglas administrativas. Un edicto imperial en
1872 estableció un reclutamiento para todos aquellos hombres sanos
por encima de los 20 años, procurando sangre fresca a un ejército
impopular, mejorando su imagen. El entrenamiento y la disciplina hicieron
el resto. Siguiendo el concepto del Fukoku kyôhei (un país próspero
con un ejército fuerte) Japón estaba preparado para demostrar
que había conseguido su meta al final del siglo XIX. En el espacio
de unos pocos años, tres cortas campañas militares demostraron
al Oeste que Japón tenía un poder que tenía que ser tenido
en cuenta. La primera fue la brillante derrota sobre China en el problema
de Korea en un conflicto de dos años (1894-1895), luego la Armada Imperial
actuó en la Rebelión Boxer (1898-1901) protegiendo los asentamientos
japoneses en China y finalmente, la victoria en la guerra ruso-japonesa (1905-1905),
liberó Manchuria de la dominación zarista. La bravura de los
soldados Meiji fue ejemplar y el ejército fue admirado fuera y dentro
de las fronteras de Japón.
Las reformas Meiji
Sin embargo, dentro de la nación, la cosas no eran tan simples. Las
numerosas reformas, no siempre tuvieron el apoyo popular, particularmente
de la clase Samurai.
En 1871, todas las Han (regiones), fueron reemplazadas por Ken (prefecturas),
bajo un control centralizado. Esto causó la muerte de muchas Ryû
tradicionales, que ya no contaban con el respaldo de los Daimyô locales.
Algunas de esas Ryû sobrevivieron practicando en secreto, otras se dividieron
y algunas como Katori Shintô Ryû y Kashima Shintô Ryû,
que fueron tradicionalmente completamente independientes, fueron gravemente
afectadas por esta reforma.
Muchas otras reformas afectaron a los Bushi. Por ejemplo, la abolición
de los privilegios asociados a su clase social, el retiro de sus pensiones
hereditarias y del derecho a portar el Dai-shô, lo que propició
numerosas rebeliones por todo el país.
Estas revueltas tuvieron su punto álgido en la rebelión Satsuma
en 1877, donde Saigô Takamori lideró un ejército de Bushi,
entrenados en las Ryû tradicionales. Fue la última vez que los
partidarios de antiguo orden (las tradiciones marciales clásicas) se
opusieron al gobierno con una resistencia armada. Estas revueltas fueron apagadas
por el gobierno, mostrando que reclutas bien entrenados, usando armas de fuego,
podían derrotar cualquier grupo de Bushi usando armas clásicas.
Los Bushi acabaron perdiendo todos sus privilegios, pero seguían conservando
un gran poder político y militar durante la era Meiji. Muchos Daimyô
se convirtieron en gobernadores de sus Han y en lugar de su pensión
hereditaria, mucho Samurai obtuvieron una pensión del Ejército,
de la Armada o de la policía a cambio de ayudar en su instrucción.
Uno no puede explicar el alcance total de todas las reformas llevadas a cabo
en estos tiempos, que supuso un paso extraordinario en la modernización
de Japón. Los ministros dieron ejemplo dejando crecer sus patillas
y luciendo chaquetas occidentales. El país les siguió, pero
con algo menos de entusiasmo, adoptando el sombrero occidental pero manteniendo
el tradicional Kimono. El lema popular fue Wakon-yôsai! (Espíritu
japonés – técnicas occidentales). Los Samurai fueron al
extranjero y se trajeron lo mejor que cada país podía ofrecer:
La armada inglesa, las leyes francesas, la estrategia militar en y la medicina
alemana. La generación Meiji (1868-1912) absorbió en 44 años
todos los adelantos europeos de un siglo.
El auge del nacionalismo
Al comienzo de la Era Meiji, la súbita y generalizada influencia de
los valores occidentales causaron un sentimiento de pérdida de la identidad
japonesa. Les atraían las ideas occidentales, pero estaban cargados
de sus valores tradicionales: se sentían un poco desconcertados. Esto
se manifestó en una auto-defensa que dio auge al nacionalismo xenófobo.
Esta xenofobia se reflejaba en eslóganes como Sonnô-jôi!
(honor al Emperador – expulsar a los Barbaros). La necesidad de un ideal
único fue expresado por Shinju-funi! (Shintoismo y Confucianismo son
la misma cosa), o Chûkô-ippon (Lealtad al emperador – Lealtad
a los padres, son la misma cosa). Una cierto florecimiento del espíritu
marcial nació con la idea de Bun-bu – fugi (Literatura y Artes
Marciales no son incompatibles. Todos estos elementos combinados para crear
el concepto de Kokutai (política nacional). Estas enseñanzas
hicieron que el vínculo entre cada japonés y su Emperador, país
y padres les brindó inigualables virtudes y una tremenda unión
de todos los japoneses, que llegaron a crear la más grande de todas
las naciones.
La influencia de las ideas occidentales durante la era Meiji, fueran semillas
sembradas para la democracia. En la Era Taisho (1912-1926) hubo incluso algunas
promesas de pluralismo. Sin embargo el clima político no era muy estable
y las reformadores Meiji se iban sustituyendo por políticos nacidos
después de la Restauración. Estos nuevos políticos estaban
menos influenciados por el confucianismo y eran menos románticos que
sus predecesores, se proponían ser más realistas. La Primera
Guerra Mundial fue “algo bueno” para Japón. Incluso aunque
Japón tuvo una pequeña participación en el conflicto,
ocuparon inmensos territorios al final de la guerra. Aunque fue costosa en
vidas, la Expedición Siberiana (1918-1919), señaló el
comienzo de una política expansionista, centrado en Manchuria.
El emperador Meiji murió en 1912 y fue sucedido por su hijo Yoshihito
que fue conocido por el nombre de Taishô Tennô (El Emperador de
la Gran Rectitud). Sin embargo su pobre salud lo fue relegando a un segundo
plano por otras fuerzas políticas. En 1926, su sucesor, el Emperador
Hirohito inauguró la Era Shôwa (Brillo y Harmonía), pero
pronto traicionó su propio nombre. El Ejercito utilizó las estructuras
establecidas para imponer sus intenciones. Lo que sigue es historia reciente.
El Este y el Oeste se confrontaron en una sangrienta guerra que dejó
a los militaristas a solas con sus fantasías. En Agosto de 1945 Hirohito
hizo por primera vez un discurso en la radio para anunciar a la población
que se había perdido la guerra. Pronto, después de esto el había
perdido todo su poder real, pero continuó siendo un importante símbolo
para Japón. Hirohito murió en Enero de 1989 y fue sucedido por
su hijo Akihito, que inició la Era Heisei (Realización de la
paz)
Traducción libre de: PASCAL KRIEGER. The way of the stick. Geneve 1989
ISBN 2-9503214-0-2
© dela traducción Shin Ko Dojo